En la elaboración del texto de un discurso las ideas a exponer (inventio) deben quedar distribuidas (dispositio) en cuatro partes que se conocen con el nombre de orationis partes de acuerdo con el orden natural que si se altera queda luego todo muy artificial:

Exordium: Es el comienzo del discurso. La idea es ganarse la simpatía del auditorio hacia lo que se va a exponer. Captar la atención del lector con un buen titular o párrafo inicial.

Narratio: En esta fase se hace partícipe al auditorio del estado de la cuestión exponiendo de forma clara, concisa y verosímil los hechos sobre los que trata el asunto. Muchos pierden el norte en cuanto a la verosimilitud que es algo fundamental. Para que una narración sea verosímil hay que dar una correcta y fundamentada respuesta al: quién, qué, por qué, dónde, cuándo, cómo y con qué medios. Como es lógico el arte del buen narrador es resaltar los aspectos que le favorecen y atenuar los que le perjudiquen. Esto es desarrollar bien y analizar las ideas a exponer.

Argumentatio: Es una confirmación complementaria de la narratio que hace hincapié a lo que favorece al orador. Los buenos tratadistas desdoblan esta fase en dos: ensalzando las pruebas que les favorecen y refutando las que no les son favorables. En este caso lo mejor es dar algunos buenos ejemplos y aportar pruebas sobre lo que se está opinando o defendiendo.

Epilogus o peroratio: La parte final del discurso suele tener dos objetivos: refrescar la memoria haciendo una recapitulación y procurar influir en los sentimientos del auditorio. Sería un resumen final y conclusión.

No hay que olvidar que en el mundo de Internet todo es muy rápido y se suele echar un primer vistazo. Lo primero que se mira es el título, lo destacado en negrita y las mayúsculas. Sólo si se consigue captar la atención en esos primeros instantes conseguiremos la opción de ser leídos y captar la atención de nuestro visitante.